martes, 1 de febrero de 2011

LA ESCUELA Y LOS PRETEXTOS
Profesor Evaristo Velasco Álvarez

Ya se ha vuelto una muy mala costumbre el que para todo estemos presentando pretextos, en lugar de entregar resultados deseados. Es algo ya común entre los círculos de trabajo de todo el país encontrarnos con situaciones en las que todos hacen sus predicciones halagüeñas en torno a lo que harán, pero luego entregan malos resultados.
Hemos entrado en un momento en que el lodo de la desesperación y de la dejadez nos atrapa y no nos deja avanzar. Nos tiene presos y nos dejamos llevar por ello. Llegamos a un punto en el que preferimos entregarnos a los pretextos que a las realizaciones. El éxito no está a la disposición más que de los que se atreven a participar en la lucha sin cuartel, para lograr sus favores. El éxito no tiene distinciones de tamaño, color, temperatura, raza, sexo, etc., sólo se entrega a los que le dedican todo su tiempo, todas las horas de todos los días de su vida. Aquí es muy importante establecer que puedes tener, o éxito o pretextos, pero no puedes tener las dos cosas.
En la escuela, los maestros hacen “de tripas corazón” al encontrarse que sus alumnos no cumplen con las tareas, ni siquiera se molestan por cumplir con ellas en lo mínimo… Han hallado pretextos, copiando a los adultos por buscar apoyo a sus irresponsabilidades.
Y vemos que los alumnos no cumplen, pero sus padres no les exigen el cumplimiento, sino que la arremeten contra los maestros porque sus hijos no aprenden, o porque los maestros castigan a sus hijos y son tan “malos” los maestros, que les ponen calificaciones muy bajas. Es que ya los “traen de ojeriza”… Con este tipo de razonamientos, hemos caído en errores de calificación con los maestros y con la labor de la escuela, dejando que nuestros hijos hagan lo que les pegue la gana hacer.
Y no digo que los maestros sean unas “blancas palomitas” o que sean “peritas en dulce”, sino que como humanos que son, seguramente también tendrán pecadillos que han cometido en su vida; pero si nosotros, los padres de familia no les exigimos a nuestros hijos a cumplir, ¿como queremos exigir a los maestros que ellos sí cumplan con su obligación al cien por ciento?
Como luego se dice por ahí: “de por sí el niño es risueño, y luego le hacen cosquillas…” Cumplamos nuestro cometido generacional paterno de conducción con una responsabilidad real a nuestros hijos, para que luego ellos puedan entender que les corresponde ahora estudiar y hacer tareas, para que después sepan resolver los problemas que la vida les presente. Busquemos el cumplimiento de nuestras obligaciones más que el pretexto. Hagamos de México la nación que nuestros hijos merecen. ¡Que viva México!
velasco_alvarez@yahoo.com

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