viernes, 4 de julio de 2014

COLUMNA



Algo que vale la pena contar


 
Alberto Boardman
Quisiéramos decir que a fuerza de la continuidad inmediata ya de cuatro años, las elecciones en Coahuila se han vuelto una feliz tradición, pero no. Este 2014 no será la excepción (como también sucederá en 2015) y el próximo domingo, según dicen, habrá de celebrarse una fiesta de la democracia más. Muy injusto sería calificar de tanto tedio electoral, a los famosos azares del destino. La pobre ventura a la que de casi todo echamos la culpa, nada tiene que ver. Mas bien, se trata del “desatino” de quienes deben prever y analizar en prospectiva, la organización de elecciones a puestos populares, esos para los que se requiere obligadamente la emisión del subestimado sufragio ciudadano. Reconozco no ser un avezado analista político, ni tampoco pertenecer a la llamada fauna híbrida de la familia Procyonidae, es decir, a los popular y coloquialmente conocidos como “mapaches” electorales, pero sin embargo, comparto el sentir popular sobre el tema y es por ello que me atrevo a opinar sobre un asunto que aunque político, involucra en demasía la lógica popular. Por ejemplo, ¿No es posible que quienes tomen las decisiones en este ámbito de nuestra organización social, asimilen el desgaste que en el ánimo ciudadano produce tanta elección consecutiva? Y no me refiero a un aspecto en particular, sino a todo el proceso en su conjunto.  De entrada, la publicidad monótona y repetitiva hasta el cansancio con que se bombardea a la ciudadanía en radio, televisión, prensa escrita y medios visuales ubicados en la ciudad. Durante medio año completo estamos obligados a chutarnos por todas partes, más del cincuenta por ciento de impactos publicitarios destinados al IFE, ahora INE, partidos políticos y los propios candidatos. Y por si eso fuera poco, además de los spots y boletines de los participantes en la contienda, luego vienen las entrevistas, los consabidos discursos y mitines, los famosos toca-toca, las caravanas, las brigadas de cruceros y por otro lado todo el trabajo que involucra a la autoridad electoral a fin de contar con participación ciudadana en las casillas el día de la elección. Una actividad de esta naturaleza con el ritmo sucesivo que experimenta Coahuila, tenía que dar como resultado el desencanto en la participación, con todo y que los candidatos presuman en sus cierres de campaña la convocatoria de miles de gentes, los analistas vaticinan que solamente acudirán a las urnas a efectuar sufragio uno de cada tres empadronados, lo que nos llevaría a pensar cuando mucho en un 33% del total. Por otro lado, hay que recordar que tal y como lo indican recientes análisis de credibilidad, según el estudio elaborado por el Consejo Cívico de Instituciones de Coahuila, A. C, en escala de cero a diez los peor evaluados resultaron ser los partidos políticos en cuanto a la percepción ciudadana de confianza se refiere, logrando apenas obtener un 3.79% y en este mismo rubro, los actuales diputados locales no distan mucho de la calificación anterior, logrando apenas un 3.87%. Ni analizando esos niveles de confianza, nuestros políticos ¿Pueden darse cuenta, de que nuestro tiempo urge cambiar la forma de hacer las cosas para ganar certidumbre? A ver, ¿Cómo quieren recuperar credibilidad si en sus propuestas de campaña, (concretamente por lo que corresponde a esta elección de diputados locales) se la pasan haciendo referencia en demasía, a la solución de problemas directos de la ciudadanía que salen completamente fuera de su ámbito de operación? ¿Para qué prometer trabajos, educación, mejores servicios públicos para las colonias, si son aspectos en los que solamente pueden influir de manera indirecta aprobando o sancionando las iniciativas propuestas por otras autoridades como el Gobernador o los Alcaldes?  Los diputados locales no tienen presupuesto para ejercer el arreglo de una calle, dar una beca en forma masiva o una despensa. Cuando mucho su trabajo consiste en proponer iniciativas o reformas a las leyes para quizá, sí ampliar programas o ejercicios en dichos rubros, pero deben dejar muy en claro que no depende directamente de ellos otorgar dichos beneficios.  Por eso la gente ya no les cree, o dígame usted ¿Cuántos de los diputados salientes cumplieron a cabalidad con todo lo prometido en sus campañas hace tres años? No se trata solamente de ganar adeptos con la venta de espejitos, deben entender que los ciudadanos hace mucho, pero mucho que nos encontramos en otro nivel. Que mejor prueba de esta apatía, que la respuesta de los votantes el día de la elección.  Es tiempo de que los partidos políticos comiencen a considerar en serio, que las campañas inician desde el primer día en que sus representantes toman posesión y no esperarse tres años para volver a repetir una oferta eterna.  Ojala y usted decida salir a votar, pero reflexione un poco antes de emitir el sufragio, como decía aquella máxima de Quevedo, “Nadie ofrece tanto, como el que nunca va a cumplir” Somos lo que hemos leído y esta es palabra de lector. Contacto: radioelitesaltillo@hotmail.com  Twitter: @AlBoardman

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