viernes, 5 de agosto de 2016

EL NUEVO PRI



El PRI 'gruñe' a sus gobernadores
Rubén Olvera Marines

Qué tiempos aquellos, los anteriores a las elecciones del pasado 5 de junio. El PRI navegaba en las aguas tranquilas del quijotismo, deslumbrado por el ímpetu de su capitán, desairando un horizonte cargado de nubarrones que anunciaban tormenta.  Con el proceso electoral para renovar doce gubernaturas llegó la tempestad, urnas cargadas de votos de castigo, bolas de granizo que pegaron fuerte a los débiles techos bajo los cuales algunos gobernadores incurrieron en excesos y distorsiones del ejercicio público.

Alguien debió advertir, revisar los instrumentos de navegación que señalaban la creciente inconformidad de los electores, pero la miopía se impuso. Una apuesta por nueve de las doce gubernaturas decidida por la pasión. “Manlio está 'blofeando'”, le insinuaron al Presidente Peña (algunos aseguran que Peña escuchó perfectamente, asintió y continuó con su labor). –Aquí en Coahuila, poco antes de la elección del 5 de junio, el analista y aspirante independiente Jorge Castañeda fue contundente: “A lo mucho tres de las doce para el PRI”-. La respuesta, después que el PRI dejó de gobernar 19 millones de personas, sustituir al capitán. ¿Vendrá con el nuevo responsable de las maniobras en el PRI un golpe de timón para las elecciones de Coahuila, Estado de México y Nayarit?

Por lo pronto, el nuevo capitán priista, Enrique Ochoa Reza, ha insinuado que ahora sí tomará en cuenta los instrumentos de navegación que dejó encendidos su antecesor, Manlio Fabio Beltrones.  Recientemente se reunieron. Cuentan que se le escuchó hablar más a Manlio que a Ochoa Reza. Si el sonorense mantuvo su lectura de lo sucedido el 5 de junio, entonces el líder priista tomó nota del diagnóstico: los electores votaron en contra de la corrupción y castigaron con su voto los excesos de algunos gobernadores. Seguramente Manlio Fabio insistió en que el problema no fueron los candidatos, sino la propia gestión de los gobiernos priistas, léase gobernadores. ¿Qué tanto del diagnóstico de Beltrones es certero? ¿Cuánto de ese diagnóstico tomará Ochoa Reza para ajustar la nave priista rumbo a las elecciones estatales de 2017? Coahuila y el Estado de México son de esos pocos estados en los cuales no ha gobernado un partido distinto al PRI.

La ola de la alternancia que alcanzó a Veracruz, Tamaulipas, Durango y Quintana Roo, coloca en la agenda del votante anti PRI, la posibilidad de sufragar por alguna alianza opositora, PAN-PRD, encabezados, dicen, por una mujer, en EDOMEX, y PAN-PRD y, tal vez, UDC, para Coahuila. Nayarit experimentó la alternancia en 1999 con Antonio Echevarría del PAN. Cabría entonces formular la pregunta: ¿en un escenario en donde prevalezca la idea del voto de castigo en contra de la corrupción y crezcan las marejadas de la alternancia, cuál sería la estrategia y el perfil del candidato que le permitirían al PRI sobrevivir? Si Ochoa Reza hizo suyo el diagnóstico de Beltrones, entonces la respuesta resultará sencilla de concebir aunque difícil de implementar: dejar fuera a los gobernadores del proceso sucesorio.

Alejarlos lo más posible de los candidatos, incluso, en alguno de los casos, señalar sus excesos desde el propio candidato del PRI. El candidato sería, por antonomasia, alguien ajeno a los gobernadores. Ya sé lo que estarás pensado, amable y acucioso lector: “antes de ofrecer una respuesta como la anterior, cabría preguntarse si Rubén Moreira, Eruviel Ávila y Roberto Sandoval, gobernadores en los estados que celebrarán elecciones en 2017, representan un activo o un pasivo para el PRI rumbo a las elecciones más competidas en la historia de las tres entidades”. La respuesta no podrá Ochoa Reza tomarla de su antecesor. Ni siquiera consultará a las bases militantes, leales en exceso al círculo del poder.

Reducida a su esencia vertical, la opinión de la élite y de las estructuras internas del PRI respecto al debe y el haber de los gobernadores, cederá su privilegiado espacio a un solitario 'gran elector' que todo lo sabe y que, sin Manlio Fabio en el PRI, todo lo puede. El 'supremo' se llama Enrique, y su apellido no es Ochoa. Uno de los tres gobernadores ya lo buscó. Será cuestión de tiempo para que lo hagan los otros dos.